En esta vida… nada es casualidad.
Si has llegado hasta aquí, tal vez no sea por curiosidad. Tal vez sea porque algo de lo que has vivido se parece, en silencio, a lo que voy a contarte.
Mi nombre es Javier Ramos, y no soy un tipo común.
Soy emprendedor. Como tú.
Y si digo poco común, es porque somos de esa especie rara que no se rinde, aunque nos caigamos. De los que no esperan a que les digan lo que valen, sino que salen ahí fuera a demostrarlo.
De los que pagan más impuestos que descanso.
De los que madrugan sin jefe y se acuestan con ideas que no nos dejan dormir.
Sé lo que es pelear por ser libre.
Y también sé lo que es perderse en el intento.
Hace unos años me miré al espejo… y no me gustó lo que vi.
No era la cara. Ni el cansancio. Ni siquiera las putas ojeras de tanto trabajar.
Era la mirada.
Esa que suplica.
Esa que dice sin hablar: “Hazme un hueco en tu presupuesto, por favor.”
“No me digas que no… que no sé qué más hacer.”
Y ahí, justo ahí, supe que algo tenía que cambiar.
No en mi negocio.
En mí.
Me harté de las fórmulas vacías. De las estrategias sin alma. De la venta desde el miedo.
Decidí borrar lo aprendido y empezar de cero.
Me formé con gigantes como Jay Abraham, Tony Robbins o Grant Cardone, no para copiar lo que hacían, sino para recordar quién era antes de convertirme en un vendedor que pedía permiso.
Y entonces, pasó.
Descubrí mi propósito: escribir, enseñar, despertar.
Encender ese fuego en quienes, como yo, se habían cansado de sobrevivir.